Durante el FICM, la función de Amores Perros fue, sin ninguna duda, la más difícil de conseguir boleto de todo el festival — la fila empezó dos horas antes, y para cuando Gael García Bernal llegó al cine, caminando entre el público que ya no cabía en la banqueta, quedó claro que no estábamos ahí solo para ver una película restaurada, sino para presenciar la vuelta a las salas del fenómeno que cambió al cine hace 25 años.
El homenaje no podía empezar en otro lugar más que ahí donde todo comenzó. En mayo de 2025, una restauración en 4K de Amores Perros se proyectó en la sección Cannes Classics del mismo festival donde, en el año 2000, la película se llevó el Gran Premio de la Semana de la Crítica y catapultó la carrera internacional de Iñárritu. Esta vez, el director volvió acompañado de Gael García Bernal — el mismo actor que veinticinco años antes debutaba junto a él — y MUBI adquirió los derechos mundiales de distribución de esta nueva versión, supervisada por el propio Iñárritu junto al cinefotógrafo Rodrigo Prieto, con una remezcla de sonido a cargo de Jon Taylor.
Además de contar con la instalación Sueño Perro: Instalación Celuloide de Alejandro G. Iñárritu es una muestra que rescata material de 35mm y fotografías inéditas que permanecieron guardadas durante veinticinco años en los archivos fílmicos de la UNAM. La instalación —descrita como una experiencia sensorial que cruza cine y arte visual— pasó por Milán, se instaló en el Lago Lago en la Ciudad de México, y llegó hasta el LACMA en Los Ángeles. A esto se suma un libro conmemorativo publicado por MACK Books, con material nunca antes visto y textos de especialistas, que Iñárritu presentó personalmente en la Cineteca Nacional Chapultepec, en una conversación con la escritora Wendy Guerra y el realizador Fernando Llanos, donde describió el libro como una especie de radiografía emocional de aquel momento de su vida.
A la par de estos gestos simbólicos, el aniversario tuvo también su costado más terrenal: un reestreno remasterizado que llegó a las salas de cine de México, Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay a partir de octubre de 2025, con función especial en el propio Palacio de Bellas Artes y proyecciones en 35mm en la Cineteca Nacional (CDMX) y la Cineteca FICG (Guadalajara) para quienes quisieran revivir la experiencia original. En Morelia, durante el FICM, Gael García Bernal presentó la película en una función especial donde varios asistentes le confesaron que era la primera vez que la veían. Su respuesta quedó como una de las frases del aniversario: “¡Qué mejor que verla por primera vez en la pantalla grande!”
Y sin embargo, lo más notable de volver a verla veinticinco años después no es el aparato conmemorativo que la rodea, sino lo bien que ha envejecido la película misma. Han cambiado los modismos, ha cambiado la Ciudad de México, ya no el D.F. que retrata, ha cambiado incluso el lenguaje con el que hoy hablamos de violencia y de clase. Pero Amores Perros sigue siendo, un cuarto de siglo después, un acto de una valentía que hoy cuesta trabajo dimensionar: la de hacerle espacio, dentro del cine mexicano de exportación, a la pobreza y al dolor de una sociedad entera, justo lo que en su momento más se le criticó, como si mostrarlo fuera una traición y no un espejo. Eso no se nos puede olvidar nunca: que esta película fue incómoda antes de ser querida.
Es fácil, con el paso de los años, reducir un aniversario de este tipo a una gira de nostalgia bien organizada: un reestreno, una exposición, un libro bonito. Pero lo que distingue a esta celebración de Amores Perros es que no ha sido solamente institucional — ha sido, también, un ajuste de cuentas emocional. La reconciliación con Arriaga no estaba en el itinerario de ninguna estrategia de relaciones públicas; ocurrió, y el público la sintió como historia viva, no como programación de festival.
Amores Perros nos dio una razón para reconectarnos con nuestra realidad. Y a pesar de ser sórdida, dura, y por ello vista con extrañeza en su momento, gracias a su recorrido internacional no solo se puso a México en el mapa como un lugar donde el cine podía alcanzar la más alta calidad — también nos ayudó, como ciudadanos de una nación plural, todavía violenta y sin embargo festiva y amena, a empezar a superar los prejuicios que seguimos arrastrando sobre nosotros mismos.





