Cuando deconstruir el slasher se vuelve su propia trampa (Teenage sex and death at camp miasma, 2026)

Hay una tensión que atraviesa buena parte del cine contemporáneo que intenta hablar sobre géneros populares desde dentro del género mismo: ¿puede una película deconstruir el slasher usando, precisamente, las herramientas narrativas del slasher, sin que ese gesto termine devorándose a sí mismo? Jane Schoenbrun, quien ya había explorado con notable delicadeza la identidad trans y el descubrimiento del deseo en We’re All Going to the World’s Fair y, sobre todo, en I Saw the TV Glow, se enfrenta ahora a esa pregunta de manera mucho más frontal, mucho más “en tu cara”, y el resultado es una película que se siente, al mismo tiempo, hipnotizante y desconcertantemente consciente de sí misma. La premisa es tan meta como sugiere el título: Kris (Hannah Einbinder), una cineasta queer, es contratada por un estudio para resucitar la franquicia slasher “Camp Miasma”, una saga ochentera con evidentes ecos de Friday the 13th y Sleepaway Camp que, tras años de secuelas cada vez más flojas, terminó directo a video en los noventa. El estudio quiere de ella, básicamente, un reboot “woke” que corrija los elementos problemáticos del original, aprovechando que Kris es queer para legitimar el gesto. Pero Kris está mucho más interesada en

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La Caja de Pandora estaba vacía (Disclosure Day 2026)

Y es que, por fortuna o por desgracia, Spielberg es tan profundamente Spielberg que ya hay muy poco nuevo que decir sobre su cine. Su dominio del lenguaje cinematográfico sigue siendo extraordinario. La cámara se mueve con una precisión quirúrgica; cada encuadre, cada transición y cada movimiento parecen inevitables. Es uno de esos directores cuya puesta en escena parece tan natural que el espectador olvida el inmenso trabajo que existe detrás. Pocos cineastas contemporáneos poseen semejante control del ritmo, del espacio y de la emoción. Precisamente ahí reside la paradoja. Durante años, Spielberg fue el director que definió la gramática del blockbuster moderno. Hoy sigue dominando esa gramática mejor que casi cualquiera, pero ya no parece interesado en expandirla. Su cine continúa perfeccionando un idioma que él mismo ayudó a inventar, cuando el resto del medio lleva años intentando hablar otros dialectos. Mientras el cine contemporáneo se ha vuelto más ambiguo, más incómodo y menos dispuesto a ofrecer respuestas morales sencillas, Spielberg sigue creyendo que una gran puesta en escena y un mensaje humanista bastan para cerrar la conversación. Por eso Disclosure termina sintiéndose menos como una película nueva que como una variación de ideas que el propio Spielberg lleva

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