Jordan Firstman: del confinamiento pandémico a debutar como director en Cannes con A24

Hay carreras que se construyen con paciencia, casting tras casting, años de antesala antes del primer gran papel. Y hay carreras como la de Jordan Firstman: un despegue accidental, casi involuntario, que en apenas seis años lo llevó de hacer sketches de imitaciones en su cuarto durante el confinamiento a recibir una ovación de pie de siete minutos en Cannes por su ópera prima como director. Repasar su trayectoria es, de alguna manera, repasar también cómo ha cambiado la manera en que Hollywood recluta a sus nuevas voces. El despegue accidental: Instagram, 2020 Antes de la pandemia, Firstman ya llevaba casi una década trabajando en salas de guionistas de comedias como Search Party, Big Mouth y The Other Two, un oficio de bajo perfil, técnico, casi invisible para el público. Todo cambió en 2020, cuando empezó a subir a Instagram Live una serie de sketches cortos llamados “Impressions”: imitaciones absurdas y ultraespecíficas, desde un hombre “engañado por las piedras que le compró J.Lo” hasta el publicista de la mosca que se posó en la cabeza de Mike Pence durante un debate presidencial. El contenido se volvió viral casi de inmediato, convirtiendo a Firstman, casi de la noche a la mañana,

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Ser un ruido molesto, la dificultad de alcanzar el triunfo comercial, siendo una cinta independiente.

Vi Moscas algunos días después de su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín. No en la primera función, no en el temblor de la premiere mundial, cuando una película todavía llega al mundo sin saber qué le espera del otro lado. La vi cuando ya había empezado a circular entre los profesionales y asistentes del festival en una forma más preciosa de prestigio: el rumor. Que no se había fabricado solo, que no depende únicamente del comunicado ni de la alfombra roja, sino de algo más antiguo y más fiable: el gusto unánime de una persona que tiene la necesidad de compartirla desesperadamente; me ganó por añaduría. Y la película correspondía a esa expectativa. Obra delicada, austera, de una humanidad casi clandestina. Una película que vuelve a confirmar a Fernando Eimbcke como uno de los cineastas mexicanos más importantes de las últimas décadas. Su nombre está inevitablemente ligado a Temporada de patos, una obra fundamental para una generación de espectadores mexicanos, una película que entendió como pocas el tedio adolescente, el absurdo doméstico, la ciudad detenida, la comicidad mínima de estar vivo cuando no parece pasar nada y, sin embargo, pasa todo. Moscas, más de veinte años después, no

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