Lo íntimo es político (Chicas Tristes, 2026)

Fuera de una farmacia, dos chicas se miran reflejadas en el cristal mientras mueven el cuerpo al ritmo invisible de unas muñecas de hula. Juegan, se observan, se imitan. Una de ellas entra. Corte. La empleada responde con naturalidad a una pregunta que incomoda y que, en el mejor de los casos, nunca debería hacerse. Desde ese gesto mínimo, cotidiano, Chicas Tristes, el primer largometraje de Fernanda Tovar, deja claro que estamos ante el umbral entre la niñez y el mundo adulto.

La obra sitúa su mirada en Coapa y convierte ese sur de la Ciudad de México en un espacio vibrante, lleno de color y textura. Pero más que retratar un territorio, retrata una realidad universal: la amistad en los tiempos convulsos de la adolescencia. Vivimos la relación entre dos amigas que se reinventa ante un acontecimiento que pone a prueba no solo su vínculo, sino su forma de entender el deber, el cuidado y la lealtad. Lo notable es que Tovar no convierte el delito del que es víctima la protagonista en espectáculo ni en consigna. No hay subrayados morales. Hay, en cambio, niñas pensando, niñas sintiendo, niñas siendo niñas, intentando en sus propios términos decidir qué significa hacer lo correcto cuando lo correcto no es evidente.

Hay una batalla abierta entre la disciplina, que se ejemplifica en el entrenamiento —con un rigor que tiene hasta algo de cívico— para ser parte de una competencia internacional de natación, y también en la determinación casi adulta por pasar un examen de biología. En la otra esquina, la ligereza de la infancia que todavía insiste: los juegos de manos, un tarot de gatitos, maquillajes fallidos que hacen horrorizarse a la protagonista, que dice “parezco pambazo”, se resisten a desaparecer, a dejarse arrastrar por ese otro mundo. Chicas Tristes habita ese cruce donde lo infantil y lo adulto conviven, chocan y se contaminan.

El tema que atraviesa la película no es nuevo en el cine. Lo singular es la perspectiva. Tovar aborda una experiencia profundamente dolorosa sin caer en el panfleto ni en la explotación del sufrimiento. Señala la herida sin recrearse en ella. La cámara se mantiene cerca de sus protagonistas, no para invadirlas, sino para acompañarlas y dejarnos, por unos minutos, indagar en un mundo complicado, incierto y vedado. En medio de un entorno metropolitano, la película genera una energía casi tropical: luminosa, vital, cálida. Hay dolor, sí, pero también hay ternura. Hay culpa y hay miedo, pero también hay cuidado. Y esa mezcla es la que impide que la película se hunda en la oscuridad que su título podría sugerir.

Al conversar con la directora, me pareció coherente saber que el guion llevaba años gestándose. Además, fue construido en diálogo con sus actrices principales, Rocío y Darana, quienes aportaron unas idiosincrasias que me parecen memorables e ingeniosas, demostrando ese nuevo modo de ver el mundo que las generaciones futuras traerán a la mesa y que cierra cualquier distancia generacional. Esa colaboración se siente en pantalla dentro de una cinta que respira una autenticidad universal que rara vez se puede percibir cuando, desde el mundo de la adultez, nos atrevemos a hablar de la infancia, que siempre nos queda ya lejos.

La corporalidad de las niñas, la minúscula alberca en la azotea, las rutinas de baile en el parque y los dibujos con gis en el concreto son solo algunos de los muchos momentos en los que Chicas Tristes construye un mundo independiente que transmite ese sentir de infancia romántica, de esos buenos años que son recordados de forma idealizada y que lleva por centro una amistad que tiene que sobrevivir una disyuntiva muy dolorosa, en la que justamente el deber podría anteponerse al bienestar emocional, sobre todo cuando hablar resulta un estigma social, pero al callar se carga una culpa demasiado pesada, que nadie debería cargar sola.

Seleccionada dentro de la categoría Generation 14plus del Festival Internacional de Cine de Berlín, la película confirma algo que a veces olvidamos: lo íntimo no es menor, es político. El mayor logro de Fernanda Tovar es entrar en un terreno escabroso sin perder la luz. Chicas Tristes no ofrece respuestas, pero sí una mirada honesta y profundamente sensible. Y eso, en tiempos de discursos estridentes, es en sí mismo un acto de resistencia.

Director:

Fernanda Tovar

ACTÚAN:

Rocio Guzman
Darana Alvarez

aÑO:

2026