Hay una escena que ya circula en redes y que funciona casi como metáfora: Diego Luna y Gael García Bernal, veinticinco años después de Y tu mamá también, abrazándose en la Sala Buñuel de Cannes, mientras Alfonso Cuarón (el hombre que los hizo “charolastras” para el mundo) los observa desde el público. Pero esta vez no estaban ahí como actores promocionando una película ajena: ambos llegaron como directores, cada uno con su propia obra, producida bajo el mismo sello que fundaron juntos hace años: La Corriente del Golfo.
2026 se perfila como el año en que sus carreras detrás de cámara finalmente conviven en el mismo circuito de festivales, con dos propuestas que, aunque distintas en tono, comparten una obsesión común: la identidad, el desplazamiento, y lo que significa habitar un cuerpo mexicano fuera de México.
Gael García Bernal — Hombre al agua
Su tercer largometraje como director (tras Déficit en 2007 y Chicuarotes en 2019) se estrenará fuera de competición en la sección Spotlight del Festival de Venecia 2026, con paso confirmado también por Toronto. Filmada entre Yucatán y Cuba, Hombre al agua es un drama introspectivo con secuencias oníricas y un sutil sentido del humor, centrado en dos hombres que empiezan a cuestionar sus vidas a raíz de conocerse, en medio de la crisis migratoria centroamericana y el contexto cubano.
García Bernal no solo dirige: también protagoniza, junto a un elenco que incluye a Esmeralda Pimentel, Manuel García-Rulfo, Natalia Oreiro, Débora Nascimento, Jorge Salinas y Anna Díaz. El guion lo escribió junto al dramaturgo argentino Mariano Pensotti, y la película promete adentrarse, en palabras de la producción, “en un universo de manipulación y en la falsedad de las máscaras sociales.”
Diego Luna — Ceniza en la boca
Luna regresa a Cannes diez años después de su paso previo, esta vez con su película como director número cuatro (algunas fuentes la cuentan como la quinta, dependiendo de si se incluye Sr. Pig de 2016 en el conteo), estrenada en la sección Special Screenings. Se trata de una adaptación de la novela homónima de Brenda Navarro, publicada en 2022, que sigue a Lucila, una joven mexicana de 21 años que viaja junto a su hermano a España para reencontrarse con la madre que los abandonó años atrás, mientras hace malabares entre trabajos precarios, el cuidado de su hermano menor y una vida personal que se le escapa de las manos.
Filmada entre Madrid y Barcelona, la película recibió una ovación de cinco minutos en su premiere de Cannes y ya fue adquirida por Netflix para su distribución en territorios de habla hispana a partir de 2027. El elenco lo encabezan Anna Díaz y Adriana Paz. Luna ha sido explícito sobre la urgencia detrás del proyecto: “Nunca ha sido más pertinente hablar de migración.” La cinta también competirá en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia 2026 (la primera vez que Luna compite como director en un festival mexicano) y ya suena para San Sebastián, con estreno comercial en México previsto para finales de 2026 o inicios de 2027.
Dos películas, una misma pregunta
Más allá de la coincidencia temporal, hay algo revelador en que ambos hayan elegido, en el mismo año, historias sobre el desplazamiento: uno filmando entre México y Cuba, el otro entre México y España; uno con una mirada onírica y masculina sobre la manipulación social, el otro con un drama de crudeza casi documental sobre lo que cuesta, literalmente, sobrevivir lejos de casa. Veinticinco años después de haber encarnado a los adolescentes que definieron una generación de cine mexicano, García Bernal y Luna parecen estar haciéndose, cada uno a su manera, la misma pregunta detrás de cámaras: qué se pierde y qué se encuentra cuando un mexicano decide, o se ve obligado a, irse.